Autoestima y victimismo

Cuentan que una señora iba en un tren y a las tres de la mañana, mientras la mayoría dormía, comenzó a quejarse en voz alta: “¡Qué sed tengo, Dios mío!”, “¡Qué sed tengo, Dios mío!”. Una y otra vez. 

Su insistencia despertó a varios de los pasajeros, y el que estaba a su lado fue a buscar  dos vasos de agua y se los trajo: “Tome señora, calme su sed y así  dormimos todos”. La señora se los bebió rápidamente y la gente se acomodó para retomar su descanso. 

Todo parecía que había vuelto a la normalidad, hasta que a los pocos minutos se escuchó nuevamente a la señora decir: “¡Qué sed tenía, Dios mío!”, “¡Qué sed tenía, Dios mío!”...

Cuántas veces nos quedamos enganchados al sufrimiento, o a lo que consideramos sufrimiento, sin reconocer que ya no existe sin poder disfrutar del momento presente con las necesidades satisfechas, viviendo la armonía y la felicidad. 

Lo bueno es que SÍ se puede aprender a parar ✋STOP, los pensamientos rumiantes que nos hacen muchísimo daño, si tú quieres cambiar, llámame y te acompaño y enseño técnicas y dinámicas para ser la mejor versión de tí misma y disfrutar la vida, pero es fundamental tu compromiso y trabajo diario.

Cambia la visión que tienes de tí mism@, cambia tus creencias y pensamientos limitantes.


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Como dice Walter Riso, ...Incorporamos el castigo psicológico a nuestras vidas desde pequeños sin darnos cuenta y como si fuera una faceta normal y hasta deseable nos acoplamos a él.

Nos regodeamos en el sufrimiento o le ponemos velas. A veces nos comportamos como si el autocastigo fuera una virtud porque “templa el alma”, y aunque sea cierta la importancia del esfuerzo para alcanzar las metas personales, una cosa es la autocrítica constructiva, y otra la autocrítica despiadada que nos golpea y nos hunde. 

Una cosa es aceptar el sufrimiento útil y necesario, y otra muy distinta acostumbrarnos al dolor que masoquistamente nos propiciamos a nosotros mismos en aras de “limpiar culpas” o "tratar de ser dignos" para que alguien nos ame.